Cruz celta completa sobre una situación larga
avanzado45 a 60 minutos

Diez cartas leídas en dos bloques, con pausa intermedia y anotación, para un asunto que lleva meses abierto.
Esta lectura se reserva para asuntos con varias capas y meses de recorrido: un cambio de ciudad con trabajo y familia implicados, una relación larga en un punto incierto, un proyecto que no termina de arrancar. Para una duda puntual, diez cartas son un aparato desproporcionado y la lectura se vuelve ruido.
El orden de colocación es el habitual: situación en el centro, carta cruzada encima, raíz debajo, pasado a la izquierda, lo consciente arriba, lo próximo a la derecha, y después la columna de cuatro a la derecha de abajo arriba, con tu posición, el entorno, lo que esperas o temes, y la dirección del conjunto.
La clave práctica es leerla en dos tiempos. Primero solo la cruz de seis cartas, descrita en voz alta y resumida en tres o cuatro frases escritas. Después, levanta la vista, tómate dos minutos y añade la columna. Separar los bloques evita la sensación de avalancha que hace que mucha gente abandone esta tirada a mitad.
Al añadir la columna, la pregunta útil no es qué significa cada carta por separado, sino qué corrige o matiza respecto al resumen que acabas de escribir. A veces el entorno contradice lo que creías ser el obstáculo. A veces lo que temes resulta ser lo mismo que esperas, y verlo escrito ahorra semanas.
La décima carta merece una advertencia. No es un desenlace, es una dirección mientras nadie cambie nada, igual que la tercera posición de una tirada de tres cartas. Leerla como final convierte un instrumento de diez piezas en una frase corta, y para eso no hacía falta montar la cruz.
Reserva tiempo real: cuarenta y cinco minutos escasos, una hora si escribes con calma. Y no la repitas sobre el mismo asunto a los pocos días. Si la situación lleva meses, lo razonable es volver a ella en un mes y comparar lecturas en el cuaderno, que es donde esta tirada da su mejor rendimiento.